Navidad y Año Nuevo – el camino es hacia adentro.

Navidad y Año Nuevo.

Dos umbrales del tiempo que, con solo nombrarlos, despiertan en cada uno de nosotros una vibración distinta en el alma.

La realidad es que, en estas fechas, se contempla sutilmente el recorrido del camino transitado.

Muchos han aprendido a volverse valientes a lo largo del año, caminando con escudos invisibles y sosteniendo batallas silenciosas. Llegan a estas fechas un poco entumecidos, intentando que estas energías no los atraviesen tan hondo.

Otros encuentran aquí un respiro, una pausa que el día a día suele negarles.

Hay quienes sienten un nudo entre el pecho y la garganta sin comprender que eso también es emoción, movimiento interior.

Están los que abrazan la alegría del renacer, y los que transitan un diciembre distinto al que planeaban, marcado por ausencia o duelo.

Y claro, también están quienes se pierden en la prisa de los regalos, sin reparar en el instante sagrado que sucede cuando todos se reúnen alrededor del árbol.

Pero… ¿te acordás por qué usamos un árbol en Navidad? ¿O alguna vez lo pensaste?

El árbol es, desde tiempos inmemoriales, un símbolo espiritual de la Vida.


Y el pino, es ese árbol que no pierde nunca sus hojas, que sostiene el verde incluso en el invierno más profundo. Asi, siendo un recordatorio de que la vida no se apaga, de que la esperanza no muere, de que hay algo que siempre permanece aunque todo alrededor parezca dormir.

Vida y Esperanza… Dos palabras que a veces se esconden entre el ruido de las calles, las urgencias por asistir, los brindis, la comida y los regalos.

En muchas tradiciones antiguas —celtas, nórdicas, germánicas— el árbol siempre fue un puente entre el cielo y la tierra. Su copa tocando el mundo espiritual, sus raíces abrazando lo profundo. Durante el solsticio de invierno, los pueblos honraban a los árboles perennes como guardianes de la luz interior: seres que recuerdan que hay una chispa que nunca se extingue, incluso cuando las noches son largas y frías.

Más tarde, las corrientes cristianas vieron en él, el reflejo del Árbol de la Vida:

“la conexión divina que sostiene todo lo creado”.

Por eso, cuando hoy miramos un árbol de Navidad, no estamos mirando un adorno… estamos mirando un símbolo que por siglos quiso decir lo mismo:

“La vida continúa. La luz regresa. La esperanza renace.”

Sé que esta época es luminosa para muchos, y a la vez profundamente sensible para otros. Cada alma atraviesa diciembre con su propio ritmo y su propia historia.

Hoy quiero invitarte a algo simple y profundamente sagrado…

Acércate a tu árbol.
Respirá consciente frente a él como quien se acerca a un pequeño altar.
Y permitite sentir qué parte de tu vida querés nutrir, qué luz querés re-encender, qué esperanza querés invocar para este nuevo ciclo.

Que este árbol sea un espejo.
Que te muestre las semillas que están listas para germinar.
Que te haga recordar aquello que tu alma ya sabe.

Por ultimo, prende una vela… Como simbolo de presencia de este momento, encendiendo la luz que querés ver nacer en ti mismo.

Como es arriba, es abajo;

como es adentro, es afuera;

como es el universo,

es el alma

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